El río desciende serpenteando,
venciendo el estruendo
relampagueante de las piedras,
y los niños,
cobijados en la lluvia
celebran el ascenso de los apus.
Es la visión horizontal,
sucesiva y secuencial
del paisaje
en sus formas de tejados,
de cañadas,
de caminos entrelazados
a los cuerpos;
de campanarios
rotos por la visión de los espectros,
que aullan como canes
sacrificados al silencio.
Es la cosmovisión de hombre
en su espacio galaxial,
infinito de emociones,
de encuentros y pesares.
Y entre rostros misteriosos,
la fiesta de los toros
no es la ofrenda sangrienta,
es la mágica recreación
del hombre
venciendo el miedo
de sus orígenes:
entre la fiera y la grandeza
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