miércoles, 1 de junio de 2016

Poemas de Arturo Vicente Aponte Núñez





"TIEMPO DE AMAR SIN AMARGURA"
Poema de Arturo Vicente Aponte Núñez
Lima, 29 de Enero del 2016

He tenido el tiempo marcando mi existencia
en el pálpito del vestigio
en la ruina que esconde la penumbra
en la torre que besa las estrellas
en la sombra que emociona los sentidos
en la grieta que aligera nuestros pasos.

El tiempo es el ritmo de la ira
grito extendido en la proclama
verso iluminando la pradera
canción de vientos surcando la marea.

A pesar de todo
no hay tiempo sin mirarte hasta el estío
en el aroma de tu piel bronceada por mis besos
en la miel que fluye de tus senos
entre órbitas de sueños y de orgasmos.




  

EL RITMO DE LA CALLE
Poema de Arturo Vicente Aponte Núñez
Lima, 27 de Abril del 2016

El ritmo de la calle
tiene acordes distintivos:
risa distorsionada por el llanto
proclama pincelada
sonoro grito
gemido silencioso
blasón de anónimos jinetes
fusilados entre guitarras y violines.

En la calle
rima la angustia en los bolsillos
sangran lenguas de canes
mirándose a la luna.

La lluvia peina presurosa
la melena de los árboles
viejos libros desnudan sus hojas
expulsando fantasmas.

La tinta de los diarios
cimienta la agonía
en dolor de multitudes.

Presurosos vamos
a su encuentro
deletreando mágicos cuadernos
apagando viejas fogatas
de linaje
de música guardada
en cofres de hojalata
escondiendo viejos huesos
en refranes sin misterio.

Se nos quita el color de los balcones
la sigilosa actitud de la doncella
en su cama debutante
el sonrojo de su mejilla
ardiendo en el deseo de las rosas.

La calle tiene ese misterio
de garganta apócrifa
de grito ahogado en cántaros de furia.
A ella vamos
crucificando el racimo de las uvas
parloteando con los búhos soñadores de cantina.




REDENCIÓN DEL SUEÑO
Poema de Arturo Vicente Aponte Núñez
Lima, 04 de Mayo del 2016

Intento reeditar mis sueños
escribiendo en la sátira del tiempo
del crepúsculo sonoro de la sombra
del bigote raído del silencio.

En su indumentaria
el perro muerde su cola por decencia
los políticos sueñan con tener alma
vierten su veneno en las alcobas de los dinosaurios.

Viejas historias me contaron siendo niño
para decirme del mal del mundo
de la peste que aflora en los cinemas
de esfinges vomitando predicciones
de peldaños de lujuria cimentada.

Los sueños son esa antesala de lo cierto
recreación temprana de vivencias consteladas
en acres de luz
cohabitando recuerdos que se esfuman.
Son aves del paso
avestruz ocultando su cabeza 
burlando la vergüenza
delirio de la risa
meditación en el escombro de la prisa:
apenas lumbrera reverenciando un haz de luz
sepulcro plagado de epitafios sin límite de asombro.

De niño le enviaba cartas a mi sombra de Algarrobo
a los astros que alumbraban mi camino
a las garzas que habitaban en mi río
a los peces que soñaban ser pelícanos azules
a los búhos que habitaban en la Iglesia de mi barrio.

Eran tiempos de sueños y de juegos
de rondas mágicas
de pelotas de buches
de trapos zurcidos de alegría
buenos tiempos de chicha
de chiqulas levantadas con dulzura
de lámparas de musgo entre cortinas de sahumerio.

Tiempo de reír con el hambre temprano de la vida
celebrando el aroma del guayabo.

Buenos tiempos a pesar del griterío.





EL DESORDEN DE LAS ROSAS
Poema de Arturo Vicente Aponte Núñez
Lima, 12 de Mayo del 2016

Abrí la puerta y encontré un mundo diferente
dientes que apretaban cuchillos y cerrojos
ojos desorbitados en rictus de clemencia
sillas esperándome en el desorden de la mesa
una muñeca harapienta jugando con la muerte
y a pesar del caos
la sonrisa de mis libros esperando una caricia.

Había retornado al desorden de las rosas
a la hojarasca de mis sueños
al vientre de arrebatos escritos en el llanto
al ombligo penitente de niños subversivos.
Me sentí más humano que serpiente meditando
mortal en una hoguera descendente
menos loco que un pájaro deletreando en la alborada.

Empecé a ordenar el abecedario del recuerdo
los retratos de los días de fantasma
rincones deprimentes por la espada de las noches
el manuscrito roto del inventario de mi vida
el baúl de huesos de mis antepasados golondrinos.

Al final
el desorden fue mayor: 
Había encontrado un mundo roto
sin alegría ni guitarra
desposeído de paisajes
doblemente inhumano
habitado de psicópatas predicando obscenidades.





SUEÑOS DE MURCIÉLAGO TRISTE
Poema de Arturo Vicente Aponte Núñez
Lima, 18 de Mayo del 2016

Deja el triste papel de murciélago
aprende a besar la luz
el verde letrero de la calle
el tejado luminoso de la estancia
la querencia azul de las palomas
celebrando a fuego lento
el aroma suntuoso de la carne.

Hoy no tienes jabón
tampoco un jilguero besando tu piel
solamente un pergamino agujereado
por donde escuchas el paso sigiloso de la lluvia.
Deja de ser un jinete sin frontera
aprende a deletrear el idioma de las moscas
vierte tu sabia en el lindero de la muerte
masticando la soledad de tu cansancio
aprendiendo a volar en los oscuros nubarrones.

Hoy no tienes escondite
solamente un pantalón raído por las horas
viejos zapatos de peregrino hereje
una carta escondida en el sombrero
cientos de palabras persiguiéndote a gritos de proclama
intentando recrear viejas historias de alacranes.



sábado, 26 de diciembre de 2015

Tiempos del manicomio







Quería mirar la burbuja de tu tiempo,
deletrear el espejismo de los nombres cincelados en tu piel,
atisbar en los ventanales rotos por la furia,
celebrar los libros aupados en la memoria de los patios.

Hoy, 
no hay cortina de niebla en el ojo eterno del océano,
solamente un candil alumbrándote la piel,
el brillo porcelana de tus senos,
la mágica actitud de los pelícanos,  
volando en círculos queriendo besar tu cabellera. 

Amaneció el café servido en una mesa nutrida de ausencia,
en un jardín sembrado de recuerdos y vacíos,
de querencias eternas guardadas en féretros de cal. 
No bastaba un beso,
era necesario mostrar el musgo,
la brisa mojando el rostro de los transeúntes.   

En esta estancia, 
los locos tienen recuerdos de estaciones y cánticos,
de músicas guardadas en su desvarío,
de guitarras rasgadas en ademán de furia contenida.

Amaneció el café servido 
y en cada sorbo se precipitó el llanto,
tornándose cuerda la melodía del recuerdo.



domingo, 6 de diciembre de 2015

SUEÑO LIBERADO




Poema de Arturo V. Aponte Núñez
06 de Diciembre del 2015

                                   I
Recuerdo los rostros de todas las muchachas
con las que la luna conversaba de romances sombríos.
Recuerdo su piel apretada en sus muslos
de arena y aromas de guayaba.
La sonrisa era una reluciente esmeralda de nodriza,
de senos bronceados y ojos de serpiente.
Recuerdo el verano en tu pubis perfumado,
la silvestre actitud de hacer el amor en los arbustos,
en los arenales calientes de los caseríos fantasmas.
Era un tiempo de agitadas faenas en los sembradíos,
en los canales anegados de furia,
romance y lectura de fabulas sin nombre.
Hoy es tiempo diferente,
las fragancias son expresión de agotamiento, de incienso,
de humedales contaminados
por el espanto de las horas. Es el tiempo acorralado
en la hojarasca azul de los burdeles
convertidos en asilos, en claustros del amor perdido,
en campanas sonoras de anuncios tribales.
A pesar de ese sepulcro convergente y sonoro
las doncellas me entregaron su virginidad por un poema inconcluso,
por una historia inventada en un arrebato de locura,
por un vaso de vino bebido con asombro.
Es impreciso el rostro de los abuelos
con los que solía discutir sobre el origen de las sombras,
sus dientes masticaban mendrugos de pan enumerando los hambres de siempre,
los odios que ocultaron por siglos en sus ojos de esclavos,
la sonrisa sollozante de su miseria convertida en jornada interminable.
Recuerdo que tu extraña actitud
presagiaba un doloroso final: seríamos fusilados por intentar ser libres.



domingo, 6 de septiembre de 2015

En la dimensión del hombre






A pesar de la distancia, 
los caminos siguen siendo un ritual de aposentos continuos,
de fragancias rotas en su devenir, 
en los rostros que acompañan la ruta de los descalzos;
mientras el sol duerme en los atajos del hambre, 
en los rincones ocultos de los peñascos, 
en los rostros apesadumbrados y tristes de los canes.

Camina el hombre en su derrotero sombrío,
en la linea transigente del propio oprobio,
deslucido en los umbrales de la sepultura umbría;
camina eterno y sin luz, solo en la soledad del desvarío. 

Las huellas recrean el tiempo,
son el testimonio de la esperanza rota, 
la partitura inútil de una sinfonía sin retorno;
queda la celebración,
el decoro de los coros anunciando paradojas,
nuevas rutas apuntaladas en el vacío de los tiempos.

En otras dimensiones 
el hombre era un tierno insecto coleccionable,
de alas rastreras y de abdomen protuberante;
no era una abeja reina
simplemente se comía la miel ajena,
y escribía inmundicias en los periódicos de sus semejantes.

El camino sigue siendo el mismo,
lo transita sin pausa, 
con el miedo de siempre:
apretando el dolor de su propia muerte.